Rich Flu (2024): Una distopía con ambición, pero con altibajos


Rich Flu (2024): Una distopía con ambición, pero con altibajos




Rich Flu, el inesperado filme que Galder Gaztelu-Urrutia se atrevió a dirigir con reparto internacional, se quedó a medio gas cuando la vimos en Sitges. La cinta protagonizada por Mary Elizabeth Winstead, Rafe Spall y Lorraine Braco, que llegó a los cines en enero de este 2025,  intentó fallidamente combinar thriller, ciencia ficción y crítica social en un solo paquete, ahondando en la fragilidad de la riqueza y la desigualdad extrema.

La historia se centra en un virus que afecta de manera exclusiva a las personas adineradas, obligando a la sociedad a replantearse el valor de la vida y del dinero. Desde el inicio, la película establece una premisa potente y casi provocadora: ¿qué sucede cuando la élite comienza a caer y la riqueza deja de ser una barrera de protección?

Visualmente, Rich Flu es impactante. La producción cuida cada detalle del mundo que presenta: rascacielos desiertos, mansiones vacías, oficinas de lujo convertidas en escenarios de caos. La dirección de Gaztelu-Urrutia aprovecha la geometría de los espacios y la iluminación para enfatizar la sensación de aislamiento y decadencia, logrando momentos visualmente memorables. Sin embargo, su trama, aunque prometedora inicialmente decae por momentos. Su protagonista, Laura Palmer, (Winstead) y no el siempre recordado motor clave de Twin Peaks, funciona como eje de la narrativa: es astuta, moralmente ambigua y, al mismo tiempo, humana en sus dudas. Su arco argumental refleja la lucha interna entre la ambición y la necesidad de adaptarse a un mundo que ya no le pertenece. No obstante, a medida que avanza la película, el ritmo se vuelve más irregular.

No obstante, uno de los puntos interesantes de Rich Flu es que su narrativa evidencia la fragilidad de los sistemas que dependen de la acumulación de riqueza y la avaricia. Sin necesidad de un discurso explícitamente político, muestra cómo la élite, al perder su privilegio, se enfrenta a su propia vulnerabilidad y a las consecuencias de décadas de indiferencia hacia los demás.

El mayor logro del filme es evidenciar el colapso de un sistema aparentemente invulnerable. Sin embargo, la cinta podría haber ahondado más en este aspecto y no quedarse únicamente en la superficie, dejando cierta sensación de oportunidad desperdiciada.

 


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