Superman: James Gunn restaura la esencia al hombre de acero

 

Superman de James Gunn devuelve la esencia del personaje en la gran pantalla



James Gunn ha irrumpido con fuerza en los cines al presentar a James Corenswet como el nuevo rostro del hombre de acero en Superman. La cinta no solo es una carta de amor al personaje que interpretaron otros muchos tras Christopher Reeve. 

También marca el tono que el copresidente de DC Studios mantendrá al timón del DCU. Y como suele ser costumbre en cualquier producción de superhéroes a Superman lo acompañan en su nueva aventura cinematográfica otros icónicos personajes de los cómics. 

Entre ellos, un Lex Luthor tan malvado como el de Nicholas Hoult, capaz de manipular los acontecimientos para acabar con el kryptoniano sin usar ningún ardid o la villana Ángela Spica, mejor conocida como The Engineer, a quien interpreta María Gabriela de Faría (Clase Letal). 

Pero lo que marca la diferencia en la cinta de Gunn es la aparición de la “banda de la justicia”, un émulo de la JSA, aquí comandada por Guy Gardner/Linterna Verde, y encarnado por un Nathan Fillion en estado de gracia. A él, como era de esperar lo acompañan otros ilustres miembros de la JSA, como son Mr. Terrific (Edie Gathegui) quien tiene, sin duda, uno de los momentos estelares de la película, Hawgirl (Isabela Merced) y Metamorpho (Anthony Carrigan). 

Lo cierto es que, en conjunto Superman funciona muy bien, más allá de la acción porque Gunn ha sabido encontrar el equilibrio entre el drama y la comedia sin restar protagonismo al resto de los personajes que conforman la trama del filme.
Por eso, y porque el responsable de la trilogía de Guardianes de la Galaxia en Marvel Studios maneja como nadie la música, convirtiéndola en un personaje más al servicio de la historia de Superman. En cuanto a los cambios que introduce el realizador en la mitología del personaje, ya sean o no, controvertidos y según para quién, cumple su propósito.
Este es el de completar el viaje del héroe, dándole una razón de ser inicialmente, que, más tarde, se ve en una encrucijada al cuestionarse sus raíces. Pero finalmente, tras aceptar la dura realidad sobre su origen, abraza lo que realmente es, su propósito, y su identidad, sin perder un ápice de esperanza.

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