Pesadillas 2: La Noche de Halloween, mortalmente divertida
Corría la mitad de la década de los 90, más concretamente 1995, cuando R.L. Stine llegaba a la televisión con la serie de Pesadillas (Gosebumps), una ficción que combinaba historias de miedo y terror con humor e ingenio. Durante sus más de 70 episodios, algunos de los inquietantes personajes surgidos de la mente del escritor repetían, incluyendo a uno en particular: Slappy, el siniestro muñeco de ventrílocuo que, de una manera muy siniestra, quería formar su propia familia.
Ahora, 20 años después y tres desde que las Pesadillas de R.L. Stine llegasen a la gran pantalla con Jack Black interpretando al escritor, Slappy regresó en una mortalmente divertida secuela titulada Pesadillas 2: Noche de Halloween.
Dicho esto, el filme es divertidísimo. Ideal para los adolescentes que quieren adentrarse en el género fantástico y que les apetece disfrutar de un poco de emoción, suspense y algún que otro susto —y alguno nos llevamos nosotros también, para qué nos vamos a engañar, pero es que con eso es con lo que nos lo pasamos tan bien—, sin llegar a ser una cinta de corte más adulto. Casi podría decirse que sigue la línea de la otrora El Club de la Media Noche, cuyos protagonistas, al igual que aquí, son adolescentes que se ven envueltos en algún tipo de escarceo con algún espíritu, bruja o elemento sobrenatural.
https://www.youtube.com/watch?v=dLGF2M-qwFo
Cabe señalar que los efectos visuales son espectaculares. Aunque en la serie de aquella época tampoco eran nada desdeñables, nada tiene que ver con el despliegue que muestra la cinta. Tal vez el único defecto sea que aquí la presencia de Jack Black logra que algunos momentos pierdan efectividad, sobre todo porque en este filme su participación realmente no es necesaria y se queda más como un cameo extendido.
Para aquellos que tienen prejuicios a la hora de disfrutar un filme como Pesadillas 2: Noche de Halloween, bien sea porque lo consideren un producto más pueril o por cualquier otro motivo, permitidnos decir que no os dejéis engañar: el señor Stine no solo es un guionista y escritor más que solvente. También escribió la historia de la ficción televisiva Eye Candy, que tiene poco de infantil, así que libraros de esos convencionalismos y os lo pasaréis en grande, además de un final con sorpresa.

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